jueves, 1 de diciembre de 2016

Un Palo a Castro y Cien a Pinochet


          En el Chile mediático, dominado por la izquierda, la principal víctima de la muerte de Castro ha terminado siendo Pinochet. Con el concurso de la “centroderecha”, por supuesto.

          Supe que en la televisión Pilar Molina declaró enfáticamente, en un programa sobre Fidel, no haber sido nunca partidaria de la Junta. Y yo que la consideraba una de nuestras “mujeres líderes”.

Y luego, al leer el excelente artículo de Axel Kaiser, lleno de citas irrefutables contra la dictadura de Castro, me encontré la siguiente frase: “Así como no es sano para la convivencia nacional justificar crímenes cometidos bajo el régimen militar chileno”. ¿Cómo no va a ser sano reivindicar la verdad? ¿Tendremos que tragarnos la mentira de que los crímenes de un oficial subordinado en el Norte, cometidos por sí y ante sí, fueron ordenados por Pinochet, cuando ni siquiera éste ni la Junta los conocieron? ¿Es que tenemos que dejar que las grotescas falsedades de “Los Zarpazos del Puma” se erijan en la verdad oficial? ¿Es que no podemos aclarar que el degollamiento de tres altos dirigentes del FPMR no sólo no fue ordenado por el Gobierno Militar, sino que fue aclarado e investigado por éste, lo que le costó su cargo en la Junta, por “responsabilidad del mando”, al General Mendoza? ¿Es que no se nos permitirá aclarar también, como ha quedado establecido en los tribunales, que las quemaduras de Rodrigo Rojas y Carmen Gloria Quintana las produjeron elementos altamente combustibles que ellos mismos portaban para quemar buses y pasajeros y que un accidente provocó que resultaran quemados? ¿Es que nos estará prohibido publicar que la Junta envió, en enero y febrero de 1974, circulares a todas las guarniciones ordenando respetar los derechos de las personas, lo que prueba que, si hubo algunos “atropellos a los derechos humanos”, éstos no fueron autorizados ni “sistemáticos” ni una política de ella? ¿Es que no vamos a poder demostrar que las torturas eran una práctica habitual de la policía política durante la UP e incluso bajo Frei Montalva –cuando no había una subversión de la magnitud de la que enfrentó el Gobierno Militar-- y que la primera vez que se investigaron las respectivas denuncias, con resultados judiciales, fue precisamente bajo el Gobierno Militar? ¿Va a ser vedado insistir en que el crimen de Letelier fue cometido por un agente norteamericano al cual ni Pinochet ni la Junta siquiera conocían de nombre ni que jamás habían autorizado cometer ese atentado? ¿Es malsano dar a conocer que de los 1.102 desaparecidos según los Informes Rettig y de Reparación y Reconciliación, se ha documentado el destino de 1.108 personas, lo que coincide con la “reaparición” de seis en los años recientes? (Ver mi libro “Terapia para Cerebros Lavados”, p. 262.) ¿Es que “no es sano para la convivencia nacional” divulgar ésas y otras verdades y desvirtuar tantas falsas consignas comunistas sobre el Gobierno Militar?

          Pues la propaganda oficial y en particular TVN (y también gente de derecha)  se han encargado de injuriar la memoria de Pinochet en los días siguientes a la muerte de Castro, para desviar la atención de lo que fue la dictadura de éste. Claro, no han podido impedir que se reprodujera la intervención de Ernesto “Che” Guevara en 1959 ante las Naciones Unidas, que prueba que en su gobierno sí fue política oficial y sistemática la de violar los derechos humanos, cuando dijo ante la Asamblea: “Estamos fusilando, hemos fusilado y lo vamos a seguir haciendo”. Y el concierto de las naciones aceptó y toleró eso y lo hizo por más de cincuenta años con entera impunidad. ¿Se imaginan ustedes lo que habría sucedido si un personero del Gobierno Militar hubiera dicho eso en Naciones Unidas?

Es que la estrategia ha sido “un palo a Castro, cien a Pinochet”. Un comentarista de “centroderecha” ha sacado a colación “la última cuenta de Pinochet”, para parecer “equilibrado”.  ¿”Última cuenta”? ¿Cuál? No puede decirlo, porque no existe. Repite y valida otra consigna falsa de la izquierda. Un tribunal que investiga “la fortuna de Pinochet” ha encontrado algo más de dos millones de dólares de éste, y no más, y los mantiene embargados, junto con las propiedades que tenía el ex Presidente, todo ello, en conjunto, de valor insignificante en comparación con la sola isla “Cayo Piedra” de Fidel Castro, con una mansión, yates (entre ellos el de su hijo Tony, que es gemelo del de Bill Gates) y el mayor acuario natural del mundo.

Pinochet declaró públicamente un patrimonio de 118 mil dólares al asumir en la Junta en 1973. Actualizando valores y con un rédito normal, esa suma equivale a más de dos y medio millones de dólares de hoy. Y se olvidan de que el Director de Impuestos Internos socialista, tras examinar los 17 años de gobierno de la Junta, determinó que sólo había 544 mil dólares no explicados en los ingresos del Presidente Pinochet, que podían atribuirse a retiros de gastos reservados (ver “La Tercera”, 8 de octubre de 2005, p.4). Cuando se sorprendió a los gobiernos de la Concertación llevándose para la casa sobres con billetes de gastos reservados, bajo el gobierno de Lagos, se descubrió que sustraían 544 mil dólares cada dos meses, lo mismo que Pinochet en 17 años. Y a Pinochet ni siquiera le dieron oportunidad de explicar su retiro comparativamente minúsculo. Pero sirvió para declarar a su gobierno “corrupto”. ¿”Le hace mal al país” que se diga todo esto?

          Y resulta que el Libro Negro del Comunismo documentó 17 mil muertes en la Cuba de Castro; el New York Times, siempre más benévolo con él, habla de 5.500 fusilamientos. Pero acá los 3.197 muertos durante el Gobierno Militar, el 60% de los cuales, es decir, 1.800, cayeron entre el 11 y el 31 de diciembre de  1973, son “crímenes cometidos bajo el Gobierno Militar”, siendo que éste debió enfrentarse a no menos de veinte mil guerrilleros (diez mil reconocidos por Altamirano y doce mil venidos del extranjero, según la OEA, incluidos 5.600 cubanos reconocidos por la embajada de ese país); e incluyendo en la cifra 423 muertos a manos de la guerrilla de izquierda.

          Algo anda mal, muy mal. ¿Cómo puede compararse un Gobierno Militar que entregó el poder y que se estableció a petición de la mayoría democrática, al cual el principal jurista democratacristiano, Alejandro Silva Bascuñán –para no hablar de los juristas de derecha-- declaró “legítimo” en un acuerdo del Colegio de Abogados que él presidía y publicado en la Revista de Derecho y Jurisprudencia de octubre de 1973, con una dictadura comunista que llegó al poder por las armas y eliminando a sus adversarios en “el paredón”; que estableció un régimen totalitario sin elecciones, sin prensa y sin salida democrática todavía, 57 años después?

El otro día me convidaron a un foro en un canal de TV (todavía no me explico por qué no me “desconvidaron” a última hora, como es lo habitual) y me encontré con la sorpresa de que la teleaudiencia, mayoritariamente, se pronunció por la alternativa de que el modelo cubano de Fidel Castro “seguirá siendo un modelo a seguir”. ¿Qué esperanza tenemos, entonces? Ellos pueden continuar falseando la historia, atropellando los derechos humanos, arruinar al país y permanecer siendo “el modelo a seguir”, mientras nosotros no podemos ni siquiera reivindicar la verdad, porque “le hace mal al país”.

          En “La Salida”, el más reciente libro de Allamand –quien en estos días es mencionado como posible sustituto de Piñera si éste se retira, a raíz de haberse descubierto una enésima irregularidad de su parte— se deja constancia de que, para ellos, “la derecha” en Chile no existe. El espectro llega hasta “la centroderecha”, donde está él, Allamand, y cuya receta resumida es “adoptar el legado de Aylwin”, junto con Piñera el principal denigrador del Gobierno Militar y perseguidor ilegal de los uniformados que combatieron el terrorismo, completamente olvidados todos ya de la frase que le dijo el presidente de la Corte Suprema, Rafael Retamal, en 1974, al mismo Patricio Aylwin: “Mire, Patricio, los extremistas nos iban a matar a todos. Ante esta realidad, dejemos que los militares hagan la parte sucia. Después llegará la hora del derecho”. Entonces Aylwin, menos de 20 años después, se alió con los comunistas, condenó urbi et orbi a los militares en el Informe Rettig y pidió a la Corte Suprema no aplicarles la amnistía (que ya había beneficiado a los terroristas de izquierda), lo que culminó cuando dicha Corte Suprema renunció a aplicar las leyes (como lo confesó en su oficio de 27 de marzo de 2015, al decir que “la legislación chilena no tiene delitos adecuados a esa realidad”, la necesidad de condenar a militares por delitos inexistentes y hechos amnistiados y prescritos), e inventó los “delitos de lesa humanidad” y la ficción jurídica del “secuestro permanente”.

          ¿Qué hizo el Colegio de Abogados, regido por una mayoría de “centroderecha”, ante este flagrante atropello a las leyes? Nada. Peor: lo encubrió, según veremos. ¿Cómo comparar el Colegio de Abogados presidido en 1973 por Alejandro Silva Bascuñán, que declaraba legítimo el Pronunciamiento, con el Colegio de Abogados de hoy, que rechazó publicar en su revista un artículo mío (siendo yo abogado y afiliado al Colegio) que criticaba un fallo de la Corte Suprema que sostenía la mentira flagrante de que cinco oficiales de la Armada mantenían secuestrado hasta hoy a un extremista de izquierda con entrenamiento militar en Cuba, muerto en 1973? A propósito, yo publiqué en este blog el 27 de marzo de 2015 ese artículo y ha merecido hasta hoy casi dos mil visitas.


          ¿Pero qué sacamos con ganar en todas las cifras, mostrar un resultado tanto mejor en todo, incluido el tema de derechos humanos, si tenemos en contra a la propaganda, a la propia “centroderecha”, a un Colegio de Abogados “nuestro” y hasta a nuestros mejores espadachines de la palabra escrita diciendo que le hace mal al país rescatar la verdad sobre el gobierno militar?

domingo, 27 de noviembre de 2016

Borrador Para Discurso en Enade


          Distinguidas miembras y miembros de Enade:

Les agradezco que me hayan invitado a presidir esta reunión.

El que acaba de decir “se autoconvidó” es un miserable.

Quiero hacer un breve recuento de lo que he hecho por nuestra patria, que es lo que más amo en la vida, después de mi persona. Por patriotismo inauguré la gran bandera chilena frente a La Moneda, diciendo que era la misma con que “hemos cubrido tantas veces los féretros de nuestros mártires”.

Fue el año del bicentenario y, como también dije entonces, “son muy pocos los países en el mundo, se cuentan con los dedos de unas pocas manos, los que han tenido el privilegio de celebrar 500 años de vida independiente, como hemos tenido los chilenos.”

Fue el año del tusunami, del marepoto que sacudió nuestras costas. Las gabiotas volaban aterrorizadas. En esa época fui a la isla donde vivió cuatro años Robinson Crusoe, según relata el libro de Wilhem Dafoe. Después viajé al sur, donde vi a las machis alimentar el laurel, su árbol sagrado.

El que dijo “es el canelo” es un miserable.

Ese mismo año hablé de los poetas que nos dejaron, como Vicente Huidobro o Pablo de Rokha o el gran antipoeta Nicanor Parra.

El que dijo “Parra está vivo” es un miserable.

Después rescaté a los mineros y al salir el primero anuncié: “Florencio Ceballos, el primer minero, está con nosotros”.

El que dijo “Florencio Ávalos” es un  miserable.

Y cuando inauguré la Cápsula Bicentenario preví que “pronto estaremos viajando no solamente entre continentes, sino a todos los planetas de nuestra galáctea.”

El que dijo “galaxia” es un miserable.

He viajado representando a Chile y me senté en el escritorio de Obama, en la Sala Oval, y tomé el teléfono rojo de los cohetes atómicos, pero no me sabía la clave para lanzar uno. Después estuve con la Reina Isabel y, tomándola del brazo, que no sé por qué dicen que no se debe hacer, pues ella no me dijo nada, le mostré el papelito de los mineros y le regalé unas rocas de la mina. Y después en Francia estuve con Fillon y en su oficina me puse a mirar Los Inválidos y a cantar “Je ne regrette rien”, cosa que él dijo que ningún otro gobernante visitante había hecho antes y yo entonces también le pasé el papelito de los mineros. En Alemania les recordé lo de “Deutschland über alles” que me enseñaron cuando chico en el Verbo Divino y no sé por qué se molestaron. Es que mi fuerte no es la historia.

Cuando fui senador y presidente de Renovación Nacional practiqué la política de los acuerdos con Aylwin, el principal de los cuales, para mí, fue el que me permitió comprar las acciones de LAN que tenía la CORFO. Las tuve que vender cuando era Presidente, y creí que había perdido plata, pues antes habían estado más caras. Pero después se fusionaron con TAM, lo que fue un desastre, y bajaron mucho más, así es que, en definitiva, hice muy buen negocio y hoy la plata que saqué al venderlas es el 60 por ciento de mi fortuna y la tengo en Islas Vírgenes. Por eso añoro la “política de los acuerdos”.

Ahora me han criticado que comprara acciones de una pesquera peruana cuando era Presidente y teníamos un litigio con Perú. Pero lo hice exclusivamente por un sentimiento de aprecio al Perú, que es de donde viene mi familia paterna. Ese ancestro explica varios rasgos de mi carácter.

El que dijo “sobre todo lo enredoso” es un miserable.

Quiero decir unas palabras por la muerte de Fidel Castro, que me acompañó en el club de las grandes fortunas que confecciona Forbes. En realidad, la de él es menor que la mía, pero su isla de Cayo Piedra, con una mansión impresionante, muelles y yates, sin duda vale más que mi Parque Tantauco. Y todavía no tengo un yate como su Aquarama II, que describe su ex guardaespaldas Juan Reinaldo Sánchez. Le fui a dar la mano a Fidel en 1995 y le dije: “Dos potencias se saludan”, pero parece que no sabía bien con quién estaba tratando.

Creo que no podré asistir a sus funerales, como lo hice al de Hugo Chávez, en el cual estuve de pie al lado del féretro, como guardia de honor, pero sólo mientras filmaban las cámaras.

Siempre he tenido buenas relaciones con los comunistas y eso me permitió, en mis malos días, remontar en las encuestas. A la muerte de Volodia Teitelboim lo proclamé “un gigante de la historia de Chile”. A Gladys Marín la ayudé a financiar su tratamiento. A Guillermo Teillier lo llevé en mis viajes presidenciales al exterior. Y les di un gran gusto al aumentar el número de querellas contra los militares de 300 a mil 300, y trasladarlos del penal Cordillera a Punta Peuco. Mantuve como funcionario de mi confianza al doctor mirista Patricio Bustos, director del Instituto Médico Legal. Mantuve el financiamiento del Instituto de Derechos Humanos, del Museo de la Memoria de izquierda y la oficina perseguidora de militares del Ministerio del Interior. Por eso Javiera Parada me elogió públicamente y subí en las encuestas. Y por eso no puedo entender la querella del diputado Hugo Gutiérrez en mi contra.

Agradezco a ustedes su acogida aquí hoy, porque a otros empresarios acusados de colusión no les darían tribuna; en cambio en mi caso, en que mi empresa LAN fue condenada en Estados Unidos por colusión, ustedes no han tenido inconveniente en dármela. Lo mismo en el caso de empresarios que compran acciones con información privilegiada, ustedes han dicho que no se sentarían en una mesa con ellos, pero han tenido la generosidad de sentarse conmigo después de haber sido condenado en 2008 por la famosa compra de acciones de la misma LAN apenas se dieron a conocer los estados financieros que las hicieran subir de precio y antes de que lo supiera el mercado.

Les agradezco no haber hecho caso a las acusaciones de haber pagado coimas en Argentina, tras hablar con Kirchner, que a su vez me mandó a hablar con su ministro Ricardo Jaime, hoy preso, con quien me entendí muy bien. Los norteamericanos fueron menos comprensivos que los argentinos y nos impusieron 22 millones de dólares de multa.

Lo mismo les agradezco su comprensión ante los cambios de opinión de los diputados de la Concertación que votaron en mi favor para absolverme en el caso de la compra con información privilegiada y en el caso de la acusación por no abstenerme, siendo Presidente de la República, en el caso Cascadas. Debo reconocer que algo tengo que lleva a mis adversarios a votar a mi favor en momentos críticos.

El que dijo “plata” es un miserable.

Creo que la explicación reside en que hay personas en favor de las cuales los astros parecen alinearse. Alejandro Magno, Julio César y Napoleón se me vienen a la mente. Cuando en los ’80 quebró el Banco de Talca, del cual yo era gerente, se me acusó de haber formado sociedades para pedir prestada plata al mismo banco y comprar sus acciones, pero la Corte Suprema me liberó a mí, mientras los otros socios de esas sociedades fueron presos. Al alegato en la Corte Suprema asistieron mi tío obispo, Bernardino, que hoy tiene más de cien años y cuyos genes llevo, así es que apróntense; mi tío Herman Chadwick, Conservador de Bienes Raíces; mi padre, José Piñera, ex alto funcionario y diplomático; y mi madre, Pichita Echenique, que era de las mejores familias y siempre me dijo “mi chatito de oro”. En lo segundo acertó, pero en lo primero no, porque últimamente he crecido de 1.68 a 1.73.

Y además me ayudó ante la Corte la entonces ministra Mónica Madariaga, que después dijo haber pronunciado un elocuente “alegato nocturno” en mi favor.

En la campaña del 2009 dijeron que yo en el tiempo del proceso del Banco de Talca había estado prófugo 23 días, pero en “El Mercurio”, que siempre dice la verdad, mi abogado probó a página entera que, pese a haber habido orden de detención en mi contra y un detective buscándome, nunca fui un prófugo. No recuerdo sus argumentos porque no eran sencillos.

También los astros se han alineado en mi favor en el caso de los paraísos fiscales, porque la UDI decidió bajar a su candidato presidencial Laurence Golborne en 2013 cuando se supo que tenía una sociedad con dos millones de dólares en Islas Vírgenes, pese a haberme llevado a mí como candidato presidencial antes, en 2009, teniendo entonces y desde 1997 una sociedad en Islas Vírgenes que maneja la mayor parte de mi fortuna de dos mil 500 millones de dólares, que está en el exterior. Los astros se alinean en favor de los grandes líderes. Y la UDI me volverá a proclamar el próximo año, con paraíso fiscal y todo, porque Golborne es una cosa y yo otra. Y, como ha dicho Lavín, “lo demás es música”. Y las facturas falsas podrán afectar a MEO, pero no a mí.

Ustedes han dado muestras de haber comprendido que el destino juega en mi favor y me han invitado a presidir esta tribuna. No se arrepentirán, porque prueban haber entendido que siempre se debe estar del lado de los triunfadores y el pueblo así lo señala en las encuestas.

He dicho.

viernes, 25 de noviembre de 2016

Al Diablo con la Élite


          Las élites están desvalorizadas desde que últimamente no le apuntan a una (Brexit, Colombia, Trump, Fillon). Pero para mí, al menos en relación a la élite chilena, su prestigio estaba deteriorado desde mucho antes. Es decir, desde cuando compró completo el paquete de contrabando ideológico comunista en desmedro del Gobierno Militar y luego traicionó a éste, cohonestando la puñalada en la espalda que le dio Aylwin; y más desde cuando, para colmo, eligió Presidente en 2009 a Sebastián Piñera, un opositor a la Junta que se lo “agradeció” acusando a la misma élite de “cómplice pasiva” de delitos como salvar al país del terrorismo extremista cuya primera víctima habría sido ella.

          Que Frei Montalva y Aylwin, ya pasado el peligro de 1973, se hubieran dado vuelta la chaqueta contra los militares, después de incitarlos a tomar el poder, era esperable, porque para eso eran DC, un partido bisagra que siempre ha ido de aquí para allá y de allá para acá, buscando dónde más calienta el sol, y que ahora, por supuesto, sigue en eso. Pero que la derecha fundadora de la Patria haya caído tan bajo, después de haberle dado sustento político e ideológico al régimen militar que hizo todo, pero absolutamente todo y al pie de la letra según lo que la derecha propiciaba en materia económica, social y política, fue y sigue siendo más que el colmo.

          Esa traición ha sido tan extendida que hoy, en Chile, la derecha leal sólo somos unos pocos y yo, es decir, casi no existe. Esto está probado. He relatado en este blog que me vi forzado a presentar un libro de Andrés Allamand, “La Salida”, donde dice que los únicos sectores políticos actuales son la extrema izquierda (Boric, Jackson, Navarro y similares); la izquierda (PS, PPD, PR); la centroizquierda (DC); el centro (Velasco y Lily Pérez); y la centroderecha (UDI, RN, Evópoli, PRI). ¿Y la derecha? Nada. Bueno, ahí donde no queda nada estamos los pocos del viejo tronco conservador y yo, sosteniendo la defensa de la vida y la familia, la libertad, la propiedad, el orden público y las buenas costumbres y juntando firmas para el único precandidato de derecha, José Antonio Kast. Todos agradecidos del Gobierno Militar y de su Misión Cumplida, a mucha honra.

          Aclaro que los de la derecha inexistente secundum Allamand ya no contamos para nada con la élite, pues hemos comprobado que es la primera en comprar el balurdo izquierdista de lo “políticamente correcto” y tragárselo completo.

La anterior es la frase fundamental y motivación de este artículo: es la gente más rica, más culta, con más extensos estudios, la que compra más diarios y ve más debates en TV, la que se hace eco más rápido de las consignas comunistas. Casi no hay ex derechista (hoy “centroderechista) que no repita junto con Allamand, Lavín, Felipe Kast, Lily Pérez y similares, que “el Gobierno Militar violó sistemáticamente los derechos humanos”, lo cual es una gran mentira. Pero la mentira es lo que hoy vale, y Chile es la mejor prueba. Acá se hace realidad el aserto de Goebbels de hace ochenta años: “Una mentira repetida mil veces pasa a ser verdad”.

Yo he probado hasta la saciedad que después del 11 la Junta y su Presidente ordenaron a todas las Comandancias de Guarniciones del país que respetaran los derechos de las personas, bajo apercibimiento de sanción. Luego, no hubo “atropello sistemático de los derechos humanos”. Es verdad que en los primeros días, entre septiembre y diciembre de 1973, cuando se produjeron el 60% de todas los muertes bajo el Gobierno Militar y cuando Frei Montalva y Aylwin (y por supuesto la derecha) lo defendían urbi et orbi, imperó el bando del mismo día 11 que expresaba que cualquiera que fuera sorprendido enfrentándose con armas a las nuevas autoridades sería ejecutado en el lugar de los hechos. Y en ese final de año 1973 hubo 1.500 muertos a manos de las Fuerzas Armadas y Carabineros y 300 muertos a manos de la guerrilla. Fue cuando se produjeron los enfrentamientos mayores y también cosas que la Junta no supo ni pudo controlar, como las muertes en Lonquén a manos de civiles y carabineros rasos que actuaban por su cuenta contra anteriores abusadores marxistas; también los fusilamientos ilegales que un comandante y oficiales menores decidieron por sí y ante sí, sin órdenes superiores ni conocimiento de la Junta, en La Serena, Antofagasta y Calama. Era la inevitable lucha irregular a que los políticos habían convocado a los militares, y los inevitables excesos. Yo mismo vi durante días después del 11 a un guerrillero muerto en el sexto piso de un edificio de la CORFO que quedaba una cuadra más arriba de “El Mercurio”, en calle Compañía, que había sido abatido por los militares y, como todavía el nuevo gobierno no había conseguido las llaves del edificio, ni siquiera podían retirar el cadáver. Seguramente hoy figura en el sesgado Informe Rettig como víctima de “atropello a sus derechos humanos”, pero en realidad fue un terrorista abatido por las fuerzas del gobierno tal como los norteamericanos, israelíes o rusos liquidan hoy a los terroristas que los amenazan y tal como el ganador del Premio Nobel de la Paz, Barack Obama, liquidó al terrorista Osama bin Laden, para luego arrojar sus restos al mar (lo que Hillary y Trump llamaban al unísono "brought to justice" ("traído ante la justicia").

Las “élites habladoras”, como las llamó el historiador Paul Johnson, se tragaron la consigna del “atropello sistemático de los derechos humanos” contra la Junta y  la han transformado en verdad en Chile; y por eso Allende, que admitió a más de diez mil extranjeros en armas y armó a otros tantos chilenos para tomarse el poder por la fuerza, matando a quienes se les opusieran (y desde luego, a los primeros de todos, los altos jefes militares y también la malagradecida élite) tiene hoy un monumento junto a La Moneda. En cambio, la Junta que nos salvó de eso, rescató al país, lo convirtió en “la joya más preciada de la corona latinoamericana” y le devolvió la democracia, no tiene ninguno.

A un obrero o a un empleado de clase media es mucho más difícil venderles las consignas de la izquierda que a los profesionales, postgraduados y millonarios de la élite. En todas las encuestas norteamericanas esta última clase dorada estaba contra Trump. Toda la “gran prensa” se le fue encima, como acá se le ha ido encima a la Junta en general y a Pinochet en particular. Fue la gran masa media y baja, la dueña del sentido común, la que le dio el triunfo a Trump y la que, acá, mantiene más lealtad al Gobierno Militar.

          Allamand, vocero de la élite de “centro derecha”, también escribe, por supuesto, de las “sistemáticas violaciones a los derechos humanos” supuestamente perpetradas por el Gobierno Militar. Pero esa consigna no tiene ninguna base real y el pueblo no se la traga, y por eso en 2006 hizo fila desde la una de la madrugada (cuando logró llegar desde el fin de su trabajo a Colón con Vespucio para ponerse en la fila) hasta las nueve de la mañana, en que pudo llegar y rendir tributo a Pinochet en la Escuela Militar cuando murió. Me lo contó la modesta señora que vende espárragos en Padre Hurtado con Kennedy, que lo hizo. Es la voz del pueblo, que no sale en los diarios ni la TV, dominados éstos por el pensamiento “políticamente correcto” (es decir, de izquierda) con sus tomos completos de falsificaciones de la historia y de la realidad.

          Allamand encuentra “patético” a un héroe de nuestro tiempo, el diputado Ignacio Urrutia (UDI), por rendir homenaje en la Cámara a la memoria de Augusto Pinochet. Es decir, opina igual que el diputado Jaime Bellolio, candidato a presidir la UDI, que protestó contra ese homenaje y que en los ’80 trabajaba en la Vicaría de la Solidaridad, el brazo jurídico del FPMR y del MIR, que mataron a los 47 uniformados caídos entre 1978 y 1986 cuyas fotografías republicamos el 11 de septiembre pasado en “La Tercera” como homenaje a su sacrificio por la Patria (lo que provocó una contramanifestación dentro del mismo diario de sus periodistas de izquierda).

          Como la derecha oficialmente no existe, los que pertenecemos a ella ya no aparecemos en los debates televisivos. Referí en este blog cómo me habían convidado primero y luego desconvidado al programa de TVN “Más Vale Hablar de Ciertas Cosas”. Entonces decidí verlo: estaban Consuelo Saavedra, DC o izquierda, no sé bien, pero no más acá que eso; Matías del Río, ídem ídem; Sebastián Edwards, ex extrema izquierda bajo la UP (alguna vez repartió armas en las poblaciones junto a Pacheco Matte, según confiesa en sus memorias), y aunque ahora está de vuelta y defiende bastante la economía de mercado, les demanda a RN y la UDI que se “alejen de Pinochet”; Patricio Navia, analista de izquierda que también viene de vuelta y que en 2009 adhirió en inglés a Piñera, aunque hoy, aparentemente, está arrepentido de eso (lo digo como elogio); y una panelista morena, atractiva y joven, pero absolutamente de extrema izquierda, cuyo nombre no retuve. Es decir, ahí no sólo no había nadie de derecha, sino ni siquiera de la “centroderecha” de Allamand. Así se maneja lo opinión pública. Así se informan las élites. Y por eso cuando ellas hablan de política y se refieren al pasado, sólo repiten las consignas de la izquierda.


          Y pese a todo eso, a Allamand, a los debates de TV y a que ni siquiera formemos parte del espectro político, según el experimentado político, nos negamos a dejar de existir.

domingo, 20 de noviembre de 2016

¿Hasta Cuándo Te Ríes de Todos?


          Piñera es el tipo más fresco que ha pasado por la política y ha sido pillado innumerables veces, pero nada le ha sucedido. Al final siempre ha salido indemne y se ha reído de todos. Ahora lo ha sido una vez más, pero tampoco nada le sucederá, según ya he pronosticado. En el fondo eso sucede porque éste no es un país serio ni ético, y la gran mayoría lleva un Sebastián dentro. Si no, no lo habrían elegido Presidente en 2009, justo cuando venía saliendo de su enésimo escándalo, como lo fue el de comprar acciones de LAN usando información privilegiada y haber sido condenado por ello.

       El caso más reciente, la inversión en la pesquera peruana Exalmar en pleno litigio marítimo con Perú, ha servido para revelar una verdad que se había ocultado: el “fideicomiso ciego” (en el cual yo nunca creí ni creo) administraba sólo una parte menor de sus bienes y no el grueso de ellos, radicados en el extranjero, que él manejaba libremente. Pero, según se verá, también sobre los del fideicomiso sabía todo.

          Asimismo, el caso ha servido para dejar en evidencia algo que ha hundido a otros políticos: que él maneja sus inversiones a través de sociedades constituidas en un paraíso fiscal, en este caso en Islas Vírgenes Británicas. Laurence Golborne tuvo que renunciar a su pre-candidatura presidencial en la UDI por haberse revelado una inversión suya mucho menor que la de Piñera, a través de una sociedad en Islas Vírgenes. El país entero rasgó vestiduras a raíz de ello. En esa época un diario, “La Segunda”, le preguntó directamente al entonces Presidente Piñera si él tenía inversiones en paraísos fiscales, a lo que éste le contestó en la forma en que lo hacen los que se ríen de los demás: “¿Qué es un paraíso fiscal?”. Y a partir de ahí desarrolló un cantinfleo espectacular para no contestar la pregunta, cuya respuesta cualquiera podía suponer.

          “La Segunda” ahora ha tenido el coraje de publicar, el jueves 8 de noviembre pasado, página 8, una entrevista de Piñera en Radio Agricultura con sus amigos Checho Hirane y Sergio Melnick, del 12 de agosto de 2010, cuando era presidente, donde él, como siempre riéndose de los chilenos, confiesa que su limitado fideicomiso no era ciego. Pues les revela lo siguiente: “Un hijo mío, que es muy irónico, me mandó un mail y me dice que perdimos con la venta de LAN, prematura, 700 millones de dólares y yo le contesté que no se amargara con eso porque yo quedé feliz”. Obvio: el fideicomiso ciego no era sordo ni mudo y le informaba de sus operaciones; y si vendió fue obligado, porque no había cumplido su promesa de campaña de vender LAN antes de asumir la Presidencia, como tampoco la de vender Colo Colo y Chilevisión.

          Manejo suyo del fideicomiso que quedó confirmado con sus presiones en el caso Cascadas para obligar a Julio Ponce a fusionarlas y así “hacer una pasada” con las acciones que tenía de esas sociedades.

El poder de Piñera es muy grande y, como cada vez que ha sido pillado, aparece una legión de escuderos suyos para tratar de “miserables” a quienes lo denuncian. En mi caso, sospecho que también tiene el poder de proscribirme de los medios más masivos: anteayer de nuevo me llamaron para “desinvitarme” de un foro de TV al cual me habían convidado, “Entrevista Verdadera”; hace poco me había sucedido lo mismo con “Más Vale Hablar de Ciertas Cosas”.

          Pero en definitiva nada de lo que se ha descubierto en estos días importa. De acuerdo con las encuestas, el 71% de la gente que se declara de derecha –que conoce perfectamente a Piñera— lo apoya de todas maneras, “porque va a ganar”, sea como sea el personaje y aunque se ría en su cara. El fin justifica los medios.

Pero hay una mala noticia para la derecha: terminé de leer el libro de Allamand a que me referí en un blog anterior, “La Salida”. El autor también apoya la candidatura de Piñera y es uno de los suyos, aunque lo enoje transitoriamente –lo que le ha valido ser excluido de almuerzos y cenas muy publicitadas-- por escribir en ese libro que su gobierno no tuvo relato y terminó en un estruendoso fracaso político. Bien, pero lo que más me sorprendió de ese libro fue que, según Allamand, “la derecha” ¡no existe en Chile! El espectro, según él, se divide en izquierda extrema, izquierda socialista, centroizquierda DC, centro de Velasco y Lily Pérez, y centroderecha, donde están él, Piñera, la UDI, RN y el PRI. ”Derecha” simplemente no la hay. ¿Y quieren saber la receta final de Allamand para la “centroderecha” que volvería al gobierno con Piñera? Copio del libro: “Reivindicar el legado de Aylwin”.  

A propósito de lo cual terminaré recordando que muchos, incluso en la inexistente derecha, dicen que Piñera es el mal menor y argumentan que hizo un buen gobierno, lo cual es doblemente falso: representa un mal mayor y, desde luego, no hizo un buen gobierno. Al menos la mitad de la creación de empleos de que se ufana, la debió al enorme impulso fiscal que Andrés Velasco dio a la economía en 2009, lo que generó medio millón  de empleos en el solo 2010. Además de aumentar el gasto fiscal en 16,5%, cifra sin precedentes, Velasco también aumentó la inversión pública en 25,1% en 2009, también cifra sin precedentes. Bajo Piñera esta última terminó cayendo en 2013 en 4,3% (“El Mercurio, 01.10.16). Y en el ranking de competitividad internacional, Piñera recibió al país en el lugar 30° y lo devolvió cuatro años después en el 34° (“El Mercurio”, 28.09.16). E hizo subir la deuda bruta del gobierno central de 8,6 mil millones de dólares en 2010 a 12,9 mil millones (El Mercurio”, 29.09.16), y eso que gozó de un precio del cobre que sobrepasó a ratos los 4 dólares por libra. Es decir, fue un mal gobierno, que blandió las banderas de la Concertación, legó un país anarquizado y lo entregó al  actual extremismo gobernante.

¿Y ustedes lo van a reelegir? Entonces merecen que él se ría en su cara.

miércoles, 16 de noviembre de 2016

¿Para Qué Pierden el Tiempo?


          Los chilenos no aprenden nunca. Al ser sorprendido Sebastián Piñera por enésima vez en una irregularidad (esta vez comprar acciones de una pesquera peruana potencialmente beneficiaria de un aumento de la superficie del mar territorial de su país, cuando aquél era Presidente y el Perú había demandado a Chile para obtener más superficie marítima), un diputado ha interpuesto una querella criminal en su contra por negociación incompatible y lavado de activos, esto último a raíz de comprobarse que utilizó una sociedad radicada en las Islas Vírgenes Británicas. Asimismo, se ha constituido una comisión investigadora del caso en la Cámara.

          Pero ¿cuántas veces los chilenos necesitarán enterarse de que, haga lo que haga, a Piñera nunca le pasará nada? Ya hace más de treinta años, en la quiebra del Banco de Talca, del cual fue gerente, sus socios en sociedades formadas para obtener préstamos del banco y comprar acciones de éste iban presos y a él la Corte Suprema lo dejaba libre, tras haber estado 23 días prófugo de Investigaciones.

          Y cuando en la década de los ’90 fue sorprendido conspirando contra su correligionaria Evelyn Matthei, que quería, al igual que él, ser candidata presidencial, al ponerse en evidencia la conjura, la condena general recayó sobre Evelyn y Piñera quedó como víctima. Hoy ella no sólo lo ha perdonado ampliamente, tal como la opinión pública, sino que es partidaria suya como candidato presidencial.

          Después fue sorprendido comprando acciones de LAN con información privilegiada, lo cual es un delito, pero salió bien librado, con sólo una benévola multa de la Superintendencia, y negando que hubiera usado tal información privilegiada, pese a que la sentencia decía expresamente que sí la había utilizado.

          A raíz del caso se formó una comisión investigadora de la Cámara, donde, pese a tener la Concertación mayoría de 5 a 3, a la hora de votar para obtener la prueba decisiva de la culpabilidad de Piñera, los defensores de éste triunfaron 5 a 3, porque se dieron vuelta dos votos de la Concertación, y la comisión fracasó, dejando al inculpado indemne.

          Tan indemne que después se presentó como candidato presidencial y ganó la elección en 2009-10. Otros culpables de usar información privilegiada deben soportar el oprobio, un “juicio por los diarios” y dejar todos sus cargos, pero Piñera no y postula y obtiene otros mejores.

Durante la campaña del 2009, su oponente, Frei, reveló que en Transparencia Internacional se había publicado la irregularidad cometida por Piñera. Al saberse eso, la filial chilena de Transparencia entró en crisis de indignación, el directorio renunció y se inició una investigación interna para averiguar por qué Transparencia había incurrido en ese exceso de ídem y permitido que se supiera en el exterior de la inconducta de Piñera. Si no estuviéramos en Tontilandia todo eso habría sido risible.

          Después, ya premiados sus méritos con la Presidencia, fue sorprendido gestionando activamente la fusión de las sociedades Cascadas, controladoras de SQM, con lo cual él como accionista obtendría un beneficio económico. El tema llegó hasta a tratarse en un comité político de su gobierno, a instancias del mismo Piñera.

Entonces se constituyó la inevitable comisión investigadora de la Cámara, donde los escuderos de Piñera no lograron impedir que ésta concluyera que el Presidente no había cumplido su deber de abstenerse en el caso, pese a que se borraron todas las huellas del comité político (todos los que estuvieron allí negaron haber estado). Llevado el dictamen crítico de la comisión investigadora a votación a la sala, y pese a tener la Concertación en ésta una mayoría de 41 a 31 para condenar a Piñera, se dio la sorpresa de que diez diputados “se dieron vuelta” y votaron a favor de absolverlo, rechazando el informe y dejándolo de nuevo indemne.

          Lo notable es que estas cosas se publicaron sólo en el vespertino “La Segunda”, que se elabora muy rápido, así es que nadie alcanza a “controlarlo”. En los matutinos del día siguiente no salió nada. Ni ningún periodista investigó quiénes se dieron vuelta en ambas oportunidades ni por qué.

          En los casos SQM y Penta el prestigio de numerosos políticos resultó pulverizado por la evidencia del uso de facturas falsas para obtener financiamiento electoral y ellos cayeron en las encuestas. Piñera incurrió en lo mismo y, sin embargo, subió en ellas, las cuales en este momento encabeza en cuanto candidato presidencial.

Laurence Golborne vio terminada su carrera política cuando se le comprobó una cuenta en un paraíso fiscal. A Piñera se le descubrieron dos y mejoró en los sondeos. Andrés Velasco se desplomó en ellos al comprobarse que cobró veinte millones a Penta por un almuerzo-asesoría, mediante una boleta auténtica y no falsa. Enríquez-Ominami obtuvo financiamientos electorales de monto muy parecido a Piñera y enfrenta una formalización y un despliegue inusitado en su contra en el “juicio por los diarios”, con el consiguiente descenso en las encuestas. Pero Piñera dice que “no sabía nada”, está libre de todo cargo judicial.

          El rector Peña, en su columna de “El Mercurio”, intentó explicarlo así (23.08.15): “Mientras basta cualquier tímida vinculación entre Soquimich o Penta y algún político para que el escándalo estalle, su prestigio resulte dañado, su confiabilidad desmedrada y su palabra dudosa… nada de eso ocurre con el ex Presidente Piñera. En su caso… nada parece resultar escandaloso. De una extraña manera él parece estar vacunado contra el desprestigio. …Frente a un mismo hecho… el que posee el peor comportamiento previo es quien tiene menos riesgo de salir dañado”.

          Entonces, ante la nueva irregularidad actual yo les digo ¡no pierdan el tiempo! Los jueces no lo van a condenar y ni siquiera a formalizar, las mayorías de las comisiones investigadoras se van a volver a dar vuelta en su favor… y si alguna no lo hace, después la mayoría de la Cámara sí lo hará y rechazará el respectivo informe, porque en ella algunos (los  necesarios) harán mayoría en su favor.

          Un mal pensado diría que tiene sobornados a todos los que hay que sobornar, pero no seamos mal pensados. Y no usemos una palabra tan fea como “sobornados”. Digamos mejor “cooptados”. Sea como fuere, no perdamos el tiempo y los recursos públicos en los tribunales y en el parlamento, porque ya sabemos: haga lo que haga Piñera, al fin de cuentas nadie lo va a condenar. Y si alguien lo sanciona suavemente, como lo hizo una vez la Superintendencia al sorprenderlo en delito flagrante, eso sólo servirá para que el pueblo, como ya ocurrió, lo eleve de nuevo al más alto sitial.

domingo, 13 de noviembre de 2016

Piloto Automático


          Mi amigo historiador y abogado Gonzalo Rojas organiza anualmente la Feria de los Buenos Libros, que son, naturalmente, los de derecha. Y este año la ha organizado de nuevo, para tener lugar en el Memorial de Jaime Guzmán, a la entrada de Vitacura. Me he comprometido a llevarle suficientes ejemplares de libros de Adolfo Paúl Latorre y míos. Tendrá lugar el sábado 19 a partir de las 9.30.

          Pero este año Gonzalo me sorprendió con una propuesta: me pidió que presentara un texto de propaganda del gobierno de Piñera, a lo cual naturalmente me negué, porque no es un libro de derecha (Piñera tampoco lo es y lo ha confesado de manera explícita, aunque últimamente no lo reitera, porque necesita “pasar por el aro” una vez más a la derecha y ser su candidato presidencial.)

          Entonces Gonzalo optó por pedirme que presentara el libro de Andrés Allamand, “La Salida”, cuyo subtítulo es “Cómo derrotar a la Nueva Mayoría en 2017”, que tampoco es un libro de derecha, pues su autor lo califica de “centroderecha”, aunque tampoco lo es y mi veredicto dice que es de centroizquierda. Como el autor, que es evidentemente de centroizquierda, si bien parece no haberse dado cuenta. Incluso obtuvo su curul en el Senado gracias a los votos de la DC, que es un partido de centroizquierda. Por eso el candidato de ésta, Alberto Undurraga, no resultó electo, pese a los aportes recibidos en una botillería de su campaña. Allamand y Ossandón (en Santiago Oriente) han sido los principales beneficiarios de la alianza de la DC con los comunistas en la Nueva Mayoría. Y Soledad Alvear y Undurraga sus principales víctimas.

          Bueno, pero en todo caso el libro de Allamand está en el límite de lo que yo puedo digerir, extrañando cada vez más a Alfonso Márquez de la Plata, que unía a su condición de emprendedor la de autor y daba a luz todos los años variados libros de verdadera derecha, entre ellos los míos, que se vendían en la Feria de los Buenos Libros. Y lo más notable era que lo hacía obteniendo un beneficio económico, según me confió una vez. Pero, al fin de cuentas, me he alegrado de tener que leer “La Salida”, porque trae abundante información.

El hecho fue que, resignado a la falta de libros de derecha, mi piloto automático tomó nota de que debía comentar el antes referido (así es que lo compré y comencé) pero también tomó nota de que la Feria era el sábado 12 y no el 19, como yo correctamente había anotado en mi agenda, la cual, por supuesto, no consulté, dada mi confianza en dicho piloto.
     
         Así es que llegué el sábado 12 antes de las 9 al Memorial y, naturalmente, no había nadie. Todavía no había alcanzado a leer entero el libro que iba a comentar, cumpliendo así una rigurosa regla de todos los presentadores de libros, si bien no es una regla general, pues algunos ni siquiera llegan a la mitad, como había llegado yo, y me consta que uno ni siquiera lo hojeó, no obstante lo cual hizo una brillante presentación hablando de otro tema que no estaba en el libro.
    
        Como no había nadie y el Memorial estaba cerrado, bajé mis cajas de libros del auto, las dejé a la entrada del recinto y me fui a estacionar a un par de cuadras, con la perfecta tranquilidad de que nadie iba a robarlos, porque los delincuentes (y no sólo ellos) en Chile no leen y si leen no entienden y si entienden, entienden mal, como decía Giovanni Papini.

         Cuando volví de estacionar, entonces, las cajas de libros estaban ahí, pero ya había alguien más: un habitual comentarista de este blog, Douglas Pollock, con quien había quedado de tomarme un café durante la Feria, pues prometió dar sólido fundamento científico a mi convicción, coincidente con la de Donald Trump, de que no existe una cosa tal como el “calentamiento global” provocado por los seres humanos, que le ha servido a la izquierda mundial para extraer ingentes sumas a todos los gobiernos (ése es el principal menester de la izquierda), ganarse premios, como el Nobel a Al Gore, y reírse de los incautos que caen en sus consignas.

          Debo decir que al leer la mitad del libro de Allamand ya me había enterado de que es un eficiente recolector y defensor de odiosidades de izquierda, como que en la página 108 nos informa que hasta 2005 la Constitución de 1980 aparecía “con la firma del mismísimo Pinochet estampada en ella” y que “en 2005 desapareció esa firma ignominiosa”. Eso lo dice todo.

          A todo esto, cuando vi que no llegaba nadie más al Memorial, consulté mi agenda y vi que la Feria de los Buenos Libros era el sábado siguiente, el 19, así es que le di excusas a Douglas Pollock y le sugerí que nos fuéramos a tomar un café helado con crema al más próximo Starbucks (donde no lo hacían, pero me dieron un sucedáneo exquisito), para que me explicara lo del calentamiento global inexistente.

          Así lo hizo y me informó que desde 1997 la temperatura del planeta no ha variado, de manera que los dueños del negocio habían tenido que cambiarle el nombre al problema, que ahora se llama “Cambio Climático”, mismo cambio que está teniendo lugar ahora, como lo ha tenido siempre y lo tuvo en el año 900, en 1500 y a mediados del 1800, con oscilaciones entre enfriamiento y calentamiento, sin que el ser humano tuviera nada significativo que ver. Y, en fin, me explicó que la cantidad de CO2 en la atmósfera no constituía problema ahora ni nunca lo había representado.

          De tal manera que así, perfectamente informado, retiré mis paquetes de libros del Memorial, que nadie había robado, y me marché decidido a terminar de leer el de centroizquierda que Allamand cree de centroderecha, haciendo excepción el próximo sábado a las nueve y media a la regla de que los presentadores nunca han terminado de leer los que comentan, y considerando seriamente el despido de mi piloto automático diciéndole, como un Donald Trump cualquiera, “you are fired”.

miércoles, 9 de noviembre de 2016

Otra "Vuelta de Chaqueta" General


          Cuando Piñerita estuvo seguro, muy seguro, pero absolutamente seguro de que todas las encuestas daban de ganadora a Hillary, le dio duro a Trump y se subió al carro de la victoria de ella a última hora, dándole su público apoyo (“La Segunda, 07.11). “¡Hélas!” Perdió.

          La izquierda y la DC, por supuesto, habían repudiado y vituperado a Trump en todos los tonos y, por tanto, la derecha chilena, la misma que “tomó distancia” de Pinochet apenas compró las consignas lanzadas por el KGB y los comunistas locales (“si hubiera sabido, habría votado ‘No’”, dijo Lavín en los ’90), también se sumaba a la condena a Trump.

Pasó algo parecido cuando se trataba de elegir Papa a Benedicto, un cabal hombre de derecha, y una connotada intelectual “del sector” me decía: “¡Supongo que no estarás con Ratzinger!” (Benedicto). Suponía mal. Y Ratzinger fue Papa.

Y también lo mismo que cuando otra adalid de derecha me fulminó con un “¡Supongo que no estarás con Bush!”, cuando yo, y casi nadie más acá, sí estaba con él. Y Bush ganó a Kerry.

          Bueno, ahora viene la “gran vuelta de chaqueta” nacional. Comenzando por Piñerita, que ya ha empezado a decir cosas favorables a Trump. Y siguiendo con Michelle Bachelet, que se anticipó a bendecir el triunfo de Hillary cuando ésta parecía tenerlo asegurado.

          La victoria de Trump equivale a que acá se hubiera presentado el general Pinochet y hubiera ganado. ¿Y qué es lo más notable de ese triunfo? Que ha ido a votar más gente. ¿Qué indujo a ese contingente extra a acudir a las urnas? Un mensaje: “yo voy a sacar el poder de manos de los políticos tradicionales de Washington D.C.”

          ¿Por qué en Chile no va a votar el 65 por ciento de la gente que podría hacerlo? Porque una gran parte sabe que no tiene manera de sacar el poder de manos de los políticos, que por añadidura son, en su mayoría, los peores, es decir, los que están a la izquierda y los que a cada rato arrancan hacia la izquierda. 
    
          En los EE. UU. se presentó Trump, un personaje atípico que dijo que él iba a sacar el poder de manos de Washington D.C. Por supuesto, en Washington D.C. el 90 por ciento votó por Hillary y sólo el 4 por ciento por él. Pero en el resto del país ganó, sorprendiendo una vez más al mundo, que ha venido de sorpresa en sorpresa con las derrotas del punto de vista “políticamente correcto”.

          Lo que sucede es que la gente corriente, cuando es encuestada, tiene miedo de pronunciarse contra el “establishment” político que tiene el control de todo,  y no contesta la verdad. Por eso en las encuestas se declararon mayoritariamente contra el Brexit y a favor del acuerdo de paz en Colombia. Mucha gente tenía miedo de que el encuestador “se enojara”. Pero triunfó el Brexit y fue derrotado el acuerdo de paz en Colombia, porque la gente vota como quiere aunque no se atreva a decir lo que piensa. 

          Sería lo mismo que si en Chile se le preguntara a la gente si votaría a favor de un monumento a Pinochet. Casi nadie se atrevería a decir que sí. Pero cuando murió en 2006, las filas de gente en Américo Vespucio esperando ver sus restos en la Escuela Militar llegaban hasta la Av. Colón. Me lo contó una vendedora de habas y espárragos de una esquina, que cuando terminó de vender su mercadería al anochecer se fue a la fila para ver a “su general”, cosa que logró a la una de la madrugada.
          
          La vergonzosa “vuelta de chaqueta” registrada en Chile desde 1990, cuyo rasgo más reciente y deshonroso es la prisión ilegal en estos días del coronel Labbé por hechos en los que no tuvo participación alguna, y si la hubiera tenido, que están prescritos y amnistiados, se va a reeditar ahora con las “nuevas opiniones” sobre Donald Trump que todos van  a empezar a emitir cuidadosamente maquilladas, como las que Piñerita ya está expresando, tras haberse apresuradamente bajado del carro de la derrota de Hillary al cual se subió a última hora creyendo que era el de la victoria.

          Yo sólo les digo a los dirigentes “políticamente correctos”, que se sienten dueños de los medios, de la escena electoral y del futuro, siéndolo sólo de los primeros: tengan cuidado con que pueda surgir alguien no-tradicional, que motive a gran parte del 65 por ciento que hoy no va a votar, a salir de su abstención e ir a las urnas. Lo hará si surge un personaje que prometa creíblemente barrer con todos ustedes.

          “La escoba” triunfó una vez hace 64 años, prometiendo lo mismo. El general Ibáñez no barrió con ella como había prometido hacerlo. Pero podría llegar otro al cual el pueblo le volviera a creer, como el norteamericano le ha creído a Trump, que si supiera algo de Chile se estaría riendo a estas alturas de la “vuelta de chaqueta general” que se está gestando acá a su respecto, encabezada por Piñerita, para “sacar la pata”, hacer olvidar su apoyo a Hillary y bienquistarse con él.