viernes, 23 de febrero de 2018

Agua Caliente en Punta Peuco



          Entre los rasgos propios del estado de enajenación mental que impera en el país, destaca en estos días la visita del presidente de la Corte Suprema, Haroldo Brito, a distintos penales, de la cual se ha publicado su observación de que sólo en Punta Peuco y en otro penal más los reos tienen agua caliente. “Hotel de cinco estrellas”. Esa observación pretende ser un preámbulo del traslado de los presos políticos a un penal en que no haya agua caliente, para cumplir con el precepto de igualdad que ha sido parte del “legado” de Michelle Bachelet, consistente en “quitarles los patines” a los que tengan alguna ventaja en la vida para poder llegar al ideal socialista de que la vida de todos sea miserable. Y a largo plazo se busca lograr, entonces, en lo posible, que los Presos Políticos Militares también estén hacinados, sobre un suelo cubierto de excrementos y orina, que es como debe ser en una sociedad verdaderamente “inclusiva” y sin gente que irrite a la mayoría andando bañada y manteniendo su entorno limpio.

          Ya el hecho de que Haroldo Brito presida la Suprema demanda un comentario aparte, porque siempre se destacó como un activista judicial que presionaba a otros ministros de la Corte de Apelaciones para asegurarse de que no fueran a aplicar las leyes cuando el imputado había vestido uniforme y luchado contra el terrorismo. Así allegó a las filas de la prevaricación reinante en nuestro medio a personajes “blandos” como Lamberto Cisternas, que de haber sido subsecretario de Justicia bajo el Gobierno Militar transitó a ser otro más de los jueces que desconocen la letra de la ley, la presunción de inocencia, el principio de legalidad, la irretroactividad de la ley penal, la cosa juzgada, la amnistía y la prescripción. Para así poder condenar a presidio perpetuo de hecho a los ahora ancianos militares que combatieron y derrotaron al terrorismo marxista, este sí ahora ampliamente perdonado, amnistiado, indultado e indemnizado desde Patricio Aylwin en adelante, incluido, por cierto, el V Gobierno de la Concertación de Sebastián Piñera. Éste hizo méritos tales como mantener el financiamiento del Museo de la Memoria Marxista (lo volverá a hacer), mantener y engrosar el ente persecutorio de militares en el Ministerio del Interior (lo volverá a hacer) y nombrar de nuevo a Rodrigo Ubilla (ya lo volvió a hacer) como Subsecretario para asegurarse de que querellas como la que él interpuso y hoy mantiene preso al general Orozco, nonagenario y con alzheimer, que cuando era comandante del regimiento Yungay de San Felipe cometió el “delito” de asomarse a preguntar el motivo de unos disparos, lo que le vale ahora, gracias a la querella de Ubilla, prisión perpetua de hecho (le dieron 18 años a los 89) sin otra atenuante que no saber dónde está, gracias a su condición mental. Situación que, por tanto, no variará bajo el VI Gobierno de la Concertación que comenzará en unos días más presidido por el mismo que el V y que ha nombrado al mismo Subsecretario.

          Haroldo Brito, que “acusa” lo del privilegio del agua caliente, no podría haber llegado a la Suprema normalmente, porque algunos senadores de derecha con un resto de conciencia no le habrían dado la mayoría necesaria, pero entonces los de izquierda les propusieron un “pacto de caballeros”: “ustedes votan por Brito y nosotros después votamos por Pfeiffer, que siempre aplica las leyes a la letra”. Los senadores de derecha les creyeron y votaron por Brito. Los de izquierda se rieron mucho de que por un momento alguien los hubiera creído caballeros y después vetaron a Pfeiffer en medio de las mayores carcajadas, dejando a los de derecha con un palmo de narices y habiendo colocado a un activista de izquierda en la Suprema, la cual hoy preside y desde donde hace campaña para cerrar Punta Peuco.

          Lo del agua caliente no es baladí, porque sucede que Punta Peuco está lleno de oficiales en retiro que son personas decentes y cultas, respetuosas de las leyes y que ni siquiera pasarían con luz roja; y además pusieron el pecho a las balas terroristas cuando la mayoría democrática los llamó a salvar al país de las mismas. Jamás debieron ir a presidio, como lo han impuesto el odio comunista y sus jueces afines. Entonces son presos políticos que se comportan civilizadamente, mantienen el penal limpio y son ayudados por otras personas decentes (pocas, porque estamos en Chile, donde casi todos se dieron vuelta la chaqueta) que les cooperan y, entre otros donativos, como ha documentado el diario digital “Chile Informa”, les proveyeron de cálifonts, estanques de gas licuado, cañerías e implementos que les permiten tener agua caliente para ellos y, como diría Nicanor Parra, para los presos imaginarios que en los juicios imaginarios los jueces de izquierda como Brito o presionados por Brito sostienen en sus fallos que aquellos mantienen como “secuestrados permanentes” (ésa es “la verdad judicial”) y conviven con ellos en sus celdas de dos por cuatro y camarotes para dos personas más otras dos personas imaginarias.

          Sin duda, este sería un país divertido si no fuera tan canallesco con más de un centenar de Presos Políticos Militares y sus familias, que sufren con la injusticia, la ilegalidad y la arbitrariedad.

miércoles, 21 de febrero de 2018

El País Está Extremadamente Loco



              Los chilenos (me refiero a la mayoría, que es la que manda) nunca han sido muy cuerdos. Baste decir que más de una vez han elegido Presidentes marxista-leninistas, lo que el mundo entero, partiendo por la URSS, tácitamente estima una locura. Hasta los mismos chinos, que alguna vez estuvieron completamente enajenados cuando los subyugó Mao, ahora hacen todo lo contrario de lo que él imponía y son una gran potencia capitalista.

Pero lo grave es que ahora los chilenos estamos dando más señales de locura que antes. Como que la noticia del momento la constituye la persecución de una policía por parte de la otra policía en la Araucanía, región asolada por los delitos para perseguir los cuales ambas policías se suponía creadas. Los únicos tranquilos, en consecuencia, son los delincuentes. Habían incendiado 58 camiones y, para demostrar su satisfacción con la impunidad que les garantizan las policías exclusivamente dedicadas a pelear entre sí, recién incendiaron otros 28 camiones más. En particular, casi como una celebración simbólica, han vuelto a atentar contra el agricultor René Urban, que tiene el récord de varios centenares de asaltos, incendios y robos en su contra. Y todo en completa impunidad, porque los policías, o están persiguiendo a otros policías o están dedicados a defenderse de éstos.

¡Qué locura! ¡Cómo se añora al gobierno cuerdo de Pinochet, cuando los perseguidos eran los delincuentes y no había conflicto alguno en la Araucanía, tanto que la Junta de Caciques premiaba con un pergamino al Jefe del Estado en agradecimiento a haberles dado pacíficamente decenas de miles de títulos de dominio de las tierras! Y no crean que el pueblo (no sólo de la Araucanía) no se da cuenta hoy del contraste ni añora a Pinochet. Lo que pasa es que la corriente dominante de los medios lo oculta, como que este blog fue EL ÚNICO MEDIO NACIONAL que destacó la mayor votación del país para CORES (más de 75 mil votos) obtenida en noviembre por el nombre arquetípico del Gobierno Militar, Cristián Labbé. ¡Nadie más lo dijo, informó ni comentó en Chile!

Y nótese que Cristián Labbé, hijo, también obtuvo más votos que cualquier candidato a senador, salvo Francisco Chahuán en la V Región; y que cualquier candidato a diputado, salvo Giorgio Jackson Santiago. ¿No les dice nada eso? ¿No les dice nada que un Cristián Labbé, a cuyo padre del mismo nombre los comunistas lo agreden en la calle y lo injurian en coro, obtenga en la papeleta, sin propaganda electoral y sin prensa, más votos que Isabel Allende, que Ricardo Lago Weber y que cualquier DC que usted elija nombrar?

          Pero hay que reconocer que en estos días los franceses demuestran estar aún más locos que los chilenos y protagonizan la otra noticia de actualidad: tras apresar al más peligroso asesino terrorista chileno, Ricardo Palma Salamanca, condenado a perpetua como autor material del asesinato de un senador, del secuestro de un empresario y de una fuga en helicóptero de la Cárcel de Alta Seguridad, lo han dejado en libertad “con firma diaria”. Formaba parte del grupo armado comunista, el FPMR, el que más muertes provocó en los 80. ¡Libre! Acá a otro miembro del FPMR y partícipe en el asesinato del senador, también condenado a cadena perpetua, la Corte Suprema le rebajó la pena a “cinco años de libertad vigilada”. ¡Es decir, también libre! Y si vuelve Palma Salamanca sus correligionarios de la Sala Penal de la Corte Suprema le van a aplicar igual tratamiento: ¡libre! Se lo doy firmado.

          ¿Es que, entonces, acá no meten preso a nadie? ¡No, por supuesto que sí meten presos a muchos: a los que lucharon contra los terroristas! Condenan a presidio perpetuo de hecho, incluso, al oficial a quien en 1974 le dieron la Medalla al Valor por haber descubierto y enfrentado al máximo jefe terrorista en los 70, Miguel Enríquez. Hileras de uniformados que derrotaron al terrorismo cuando estaba a punto de tomarse el poder en el Chile enajenado actual, con excelentes hojas de servicio, van a la cárcel acusados de haber maltratado a terroristas hace cuarenta años, haciendo caso omiso de la prescripción, de la amnistía, de la cosa juzgada, del principio de legalidad y de la irretroactividad de la ley penal, principios universales consagrados por los juristas cuerdos. Y cuando los jueces de primera instancia o de Apelaciones condenan sólo con pena remitida a los uniformados, porque les da vergüenza prevaricar tanto y además mandar presas de por vida a personas correctas, por haber derrotado al terrorismo marxista ¡la Sala Penal roja de la Suprema les sube la pena! (al revés que al frentista al cual se la bajaron), para que terminen sus días en la cárcel.

          Esto está resultando tan inhumano que el propio José Miguel Vivanco, director del Human Rights Watch, que se dedicaba a criticar al Gobierno Militar, ahora dice que el régimen de Bachelet está atropellando los derechos humanos de los presos uniformados. Es que la suma del odio a la locura ya no la pueden digerir ni siquiera los izquierdistas no comunistas.

          En 1988 el cardenal Silva Henríquez le reconoció a “El País” de España: “Los militares chilenos no querían entrar en el gobierno, pero los chilenos en su mayoría les exigimos y les impulsamos a esta tarea. Contribuyó también la torpeza de comunistas y socialistas (…) que intentaban instaurar la dictadura del proletariado” (“La Época”, 23.01.88). Fue un intervalo lúcido de Su Eminencia, pese a haber colaborado logísticamente su Vicaría con el FPMR, proporcionándole atención sanitaria y defensa judicial a los guerrilleros, lo que ya fue suficientemente loco.

          Pero al extremo de ahora último parece que antes nunca se había llegado.

domingo, 18 de febrero de 2018

De Cómo el Frente Ha Perdonado mi Vida



          En el año ’91 yo tenía oficina en la calle Doctor Carlos Charlín de Providencia, en dos casas pareadas en que funcionaba nuestra imprenta familiar. En ese tiempo yo era activo en los medios de comunicación e igual que ahora defendía la obra del Gobierno Militar y denunciaba a los comunistas en todos los tonos en diarios, radios y televisión. Algunos amigos me decían, “No te vayan a pegar un balazo.” Porque mucha gente les “hace la pata” a los comunistas exclusivamente porque tiene miedo de que le peguen un balazo.

          Mis hijos se preocupaban y vigilaban la cuadra antes de que yo llegara. En una oportunidad el tercero de ellos me fue a recibir al auto y me dijo que estaba “paseando la cuadra” un sujeto sospechoso, al cual me mostró caminando por la vereda del frente. Lo vi perfectamente y tomé nota. Poco después, en abril de ese año, fue asesinado Jaime Guzmán y cuando se supo que uno de los que le había disparado era Palma Salamanca y su retrato salió en los diarios y la televisión, lo reconocí inmediatamente como el que “me paseaba la cuadra”. Ligeramente defraudado de que no me hubiera considerado un blanco que valiera la pena, me guardé la historia y nunca la había escrito, porque cuando se la referí a algunas personas visiblemente no me la creyeron.

          Años después resultó que en la costa, durante mis trotes habituales, ya en pleno siglo XXI, había un sujeto que, cuando me veía, me cubría de los insultos más soeces, pero yo no me detenía ni hacía mayor cuestión, incluso cuando el mismo individuo detenía su auto frente a nuestra casa y desde ahí me endilgaba la acostumbrada letanía. El cuidador que tenemos me dijo: “Es un loquito que siempre grita cosas contra usted cuando pasa”.

          Sin mucha sorpresa después vi su fotografía en los diarios. Se llama Enrique Villanueva Molina y es otro de los condenados por el asesinato de Jaime Guzmán. En primera instancia y en Apelaciones le habían dado cadena perpetua, pero llegó a la Sala Penal de izquierda de la Corte Suprema y ahí sus correligionarios le rebajaron la pena a cinco años de “libertad vigilada”. Así es que tengo algunos años de seguridad de que no me va a ir a insultar a mi casa de la costa o cuando me vea trotando (porque todavía troto, aunque tengo que reconocer que bastante despacio). Si es que su libertad es realmente “vigilada”.

          Nótese el contraste de su caso con el de los Presos Políticos Militares: la misma Sala Penal que le rebaja la cadena perpetua a un frentista por el asesinato de Jaime Guzmán, delito no amnistiado ni prescrito ni materia de cosa juzgada, es la que les aumentó a tres marinos, un carabinero y un detective la pena de 541 días de presidio remitido que les habían asignado los jueces inferiores por la muerte de un terrorista entrenado en Cuba en 1973, a cinco años y un día efectivos que cumplen en Punta Peuco. Delito supuesto (fue una “ficción judicial” de las que confesó el juez Solís) y además amnistiado, prescrito y respecto del cual había cosa juzgada.

Nótese la “igualdad ante la ley” de los frentistas versus los uniformados que observa la Corte Suprema.

          Una vez hace tres años el entrevistador Jean-Philippe Crethon me convidó a una entrevista con Villanueva en La Red, en su programa “Mentiras Verdaderas” y accedí, porque siempre he estado dispuesto a confrontar al FPMR en cualquier terreno, salvo si voy trotando o entrando a mi casa, que son actividades que no me gusta interrumpir. Cuando llegué a los estudios de La Red, sorpresivamente me dijeron que yo no iba a poder estar en el mismo recinto que Crethon y Villanueva y tuve que debatir con ambos a distancia, desde un pasillo. Denuncié la extraña situación en este blog (“Verdaderas Mentiras”, 20.08.14), pero el país pareció no darse por enterado de ella, a pesar de que esa columna en particular tuvo alta lectoría. Supongo que Villanueva amenazó a Crethon con un escándalo si yo aparecía.

          Hasta ahora, entonces, el FPMR me ha perdonado la vida, tal vez porque no me considera un sujeto con la suficiente importancia como para matarme, como lo hicieran con Jaime Guzmán, Simón Yévenes, los generales Leigh y Ruiz Bunger (estos sobrevivieron a sus balas, pero el segundo está preso en Punta Peuco seguramente porque la Sala Penal roja considera una insolencia sobrevivir a un atentado del mismo color).

          Ahora, Palma Salamanca ha sido dejado en libertad con firma diaria por la corte francesa. Si no se fuga y vuelve acá, seguramente le serán conmutadas las dos condenas a presidio perpetuo, con que cargaba teóricamente al evadirse en un helicóptero que soportó las balas de goma con que ese día habían sido provistos los gendarmes que custodiaban el penal, por cinco años de libertad vigilada que le asignará la Segunda Sala roja, que ya le reconoció similar impunidad a su camarada Villanueva, que también estaba condenado de por vida.

Después de esa transitoria restricción a su derecho a matar, ambos quedarán en condiciones de volver a hacerlo, pero confío en que a mí, al menos, me seguirán perdonando la vida como lo han hecho hasta ahora con tanta gracia y durante tanto tiempo.

jueves, 15 de febrero de 2018

Una Bomba en el Ministerio



          Aprovechando que colegios y universidades están en vacaciones, quiero revalidar una idea que he propuesto antes. Originalmente se la oí a un rector de un instituto profesional que, invitado a un almuerzo periódico de personas preocupadas por el porvenir de Chile, fue preguntado por un comensal acerca de cuál sería la solución para el problema educacional. El rector respondió que, como primera medida, él le pondría una bomba al Ministerio de Educación, haciéndolo desaparecer.

          He pensado muchas veces en esa idea, porque la hace tentadora el hecho de que el presupuesto anual de ese Ministerio sea como 14 billones de pesos, es decir, 14 millones de millones, y con esa plata, en cifras redondas, se le podría dar a cada familia chilena un voucher por cuatro millones de pesos anuales por cada hijo colegial o universitario y así podría matricularlo sin costo para ella en cualquiera de los mejores y más caros colegios o universidades.

          Como en la explosión del Ministerio desaparecerían todos los planes y programas que su burocracia ha elaborado, junto con Subsecretarías, Superintendencias e Inspecciones, cada establecimiento de enseñanza crearía libremente los que encontrara mejores y el nivel de la educación subiría mucho, porque la única enseñanza chilena que se acerca en calidad a la de países avanzados es la particular pagada en razón de que es un poco más libre y competitiva. Tras la bomba en el Ministerio toda la enseñanza del país sería particular pagada y a nadie le faltaría la plata para mandar a sus hijos al mejor colegio o universidad.

          Los mejores profesores ganarían más, porque todos los establecimientos necesitarían competir en calidad para atraer alumnos y, por tanto, contratarían a los mejores profesores. Esto haría que los estudiantes de los Institutos Pedagógicos se esforzaran y aprendieran más, en lugar de lanzar piedras a los carabineros, para ser contratados. Es decir, habría muchos más buenos profesores y se llenarían de alumnos los colegios y universidades en que ellos hicieran clases. 

         Y los padres que optaran por enseñar en la casa (“home-school learning”) podrían hacerlo y quedarse con la plata del voucher, haciéndose responsables de enseñar bien a sus hijos, en lugar de ver varias horas al día programas de farándula donde lo único que se enseña es a “crecer” abandonando al actual marido o actual mujer y a deshacer hogares. Por eso el Gobierno Militar tuvo que crear el Sename, a fines de los ’70: porque se deshacían las familias y muchos hijos quedaban “sueltos”. Y por eso en mi Programa de Gobierno se contempla un incentivo económico a la subsistencia de los hogares y las familias.

          Como se acerca el fin del verano ya sería un poco tarde para ponerle la bomba al Ministerio este año, pero le recomiendo a Gerardo Varela la idea, para que la implemente para el próximo.

          Mientras escribo me estoy comiendo un rico pan con mantequilla. No hay como el pan chileno en calidad y variedad. A veces el mejor no es el más caro, pero cada uno come el que prefiera, marraqueta, hallulla, molde o integral. Cualquiera puede fabricarlo y el precio es libre. Por eso nunca falta en ninguna parte. Hasta cualquier mendigo puede comprar uno con lo que le da un automovilista (o dos o tres) en una esquina.

          ¿Por qué en Chile no existe “el problema del pan”? Porque no hay un Ministerio del Pan.

lunes, 12 de febrero de 2018

El Hombre Innecesario


El hombre innecesario
Sobornó opinólogos innecesarios
De diarios innecesarios
Y radios y televisoras innecesarias
Para ser Presidente innecesario
De un país innecesario
Y tomarse fotografías innecesarias
Jugando baby-fútbol innecesario
Y montando caballos innecesarios
Para ganar la admiración innecesaria
De ciudadanos innecesarios
Y hacer reformas innecesarias
A otras reformas innecesarias
Con ministros innecesarios
Proclamados en ceremonia innecesaria
En un salón de honor innecesario
De un Congreso innecesario
Para hacer otro gobierno innecesario
Y cambiar el Transantiago innecesario
Por un Transtercer milenio innecesario
Y reformar policías innecesarias
Para que jueces innecesarios
Dejen a delincuentes innecesarios
En una impunidad innecesaria
Y dicten sentencias innecesarias
Violando las leyes innecesarias
Para apresar a militares necesarios
Por disparar a guerrilleros innecesarios
De la dictadura proletaria innecesaria
Y para que en un después innecesario
Un Frente Amplio innecesario
Predique tonterías innecesarias
Y gane la mayoría innecesaria
Y así al hombre innecesario
Lo suceda la mujer innecesaria.

sábado, 10 de febrero de 2018

Las Tinieblas del Error



            Siempre he creído en el poder de la oración. Cuando niño sabía que las tres avemarías al final de la Misa eran por la conversión de Rusia, así es que siempre confié en que se iba a convertir, aunque prelados y pontífices inclinados a la izquierda hubieran suspendido, en aras de la corrección política, el rezo de dichas tres avemarías.

Pero a pesar de ello y hasta hoy en el Mes de María, todos los años, seguimos pidiendo, en la oración final, para que el divino Hijo de la Virgen “haga lucir la luz de la fe sobre los infortunados pueblos que gimen por tanto tiempo en las tinieblas del error”.

Esa poderosa e inconfundible advocación, a cuya fuerza se añadió el ejemplo global del éxito de la Revolución Militar Chilena de 1973, precipitó en 1989 la caída del Muro de Berlín y luego de la Cortina de Hierro completa, y disipó las “tinieblas del error” de la faz de la Tierra, restando en ella sólo puntos de oscuridad mínimos como Cuba, Corea del Norte o Albania.

El destino castigó el dictum de Brezhnev, “¡nunca más habrá otro Chile!”, haciendo que lo que nunca más hubiera fuera otra URSS.

Así y todo en el Chile salvado del comunismo persisten algunas “tinieblas del error” flotando en el ambiente. Basta oír hablar a Sebastián Piñera sobre el Gobierno Militar para comprobarlo, siendo su voz representativa de una gran masa mayoritaria de equivocados.

La prueba está en el último número de la revista internacional “Le Monde Diplomatique” que circula en Santiago, donde viene una entrevista del “arqueólogo e intelectual español” Gabino Busto Hevia al juez (r) Juan Guzmán Tapia, quien lograra hace veinte años fugaz notoriedad internacional al procesar al ex Presidente y entonces senador Augusto Pinochet por supuestos crímenes en los que no había tenido arte ni parte.

Esto último quedó finalmente demostrado en mi libro “La Verdad del Juicio a Pinochet”, y tuvo por consecuencia que el destino final de Juanito no fuera un “tenure” en Harvard, como seguramente él aspiraba a recibir; y ni siquiera una plaza en la Corte Suprema, sino una irrelevante docencia en una universidad secundaria, de cuya oscuridad lo fue a rescatar Busto Hevia para “Le Monde Diplomatique”.

Y Juanito los sumió a ambos a sus “tinieblas del error”, refiriendo que, en octubre de 1973, 13 personas fueron ejecutadas en Copiapó por órdenes de los generales Arellano y Pinochet y a manos de la “Caravana de la Muerte” encabezada por el primero. Relata entusiasmado en la entrevista que él aplicó la eximente de responsabilidad del “miedo insuperable” a los tenientes autores materiales de las muertes de los 13 fusilados, dejándolos libres, pues si no hubieran obedecido la orden de matar habrían sido ejecutados por sus superiores.

Lástima que su versión sea completamente falsa. Cuando esos 13 fueron fusilados en Copiapó, la comitiva de Arellano todavía no había salido de Santiago. Luego ni él ni menos Pinochet tuvieron nada que ver con esas muertes. La inventada culpa de ambos fue obra de un libro de izquierda, “Los Zarpazos del Puma”, que Juanito Guzmán citó como fundamento de su fallo. Para inculpar a Arellano, el libro tuvo que falsificar la fecha del oficio del capitán que daba cuenta de las 13 ejecuciones y ponerle “17 de octubre” y no “16” que era la verdadera (pág. 150). Pero la autora del libro olvidó que en la página siguiente reproducía un oficio del comandante del regimiento de Copiapó, de fecha 16 de octubre, pidiendo al cementerio local habilitar 13 tumbas para los fusilados la noche anterior, la del 15 al 16, cuando la comitiva de Arellano estaba todavía en Santiago.

La verdadera historia fue que el abogado de algunos de los 13 presos en el regimiento de Copiapó le había advertido a su comandante que algunos de ellos estaban planeando una fuga, pues un cliente del abogado, un preso socialista ya anciano, le advirtió del plan y su temor de que los militares les dispararan y él pudiera morir. Por eso el comandante ordenó trasladar a los presos a La Serena, donde había mayores seguridades y vigilancia.

La mala fortuna quiso que el camión del traslado, en la noche del 15 al 16 de octubre, tuviera una falla en la cuesta Cardones y, según el oficio del capitán a cargo, la circunstancia fuera aprovechada por los presos para huir en la oscuridad, lo que llevó a los soldados que los custodiaban a dispararles y darles muerte. Es decir, se cumplió lo que el anciano socialista más temía.

Todo esto fue probado en el proceso y quedó claro que ni Arellano ni Pinochet siquiera sabían del caso. Pero Juanito quiso aprovechar “las tinieblas del error” para hacerse famoso hace veinte años procesando a Pinochet por eso y vuelve a aprovecharlas ahora para lucirse ante el mundo como magistrado valiente y criterioso, a través de “Le Monde Diplomatique”. Lo malo es que nada de lo que dice es verdad.

Y lo peor es que la gran mayoría de los chilenos, encabezados por Sebastián Piñera, cuyo canal de televisión, dirigido a la sazón por el izquierdista Jaime de Aguirre (a quien con tanta gracia Piñera pagó su bono de reconocimiento con dineros de SQM y otras firmas, donados a él para fines electorales) para los 40 años del Once emitió programas de alta audiencia, como “Imágenes Prohibidas” y “Ecos del Desierto”, culpando a Arellano, bajo órdenes de Pinochet, de ejecutar a los 13 de Copiapó, lo que fue comentado por Jorge Correa Sutil en “El Mercurio” y Ricardo Solari en “La Segunda” resaltando el “horror de los crímenes de Pinochet”. Y ello dio pie a la fulminación de un Piñera sumido en las tinieblas del error contra los “cómplices pasivos” de todas esas muertes.

Entonces, si bien gracias a tantas oraciones dichas tinieblas se han disipado en el mundo, siguen imperando en Chile en lo relacionado con la verdad de lo ocurrido tras la Revolución Militar de 1973, tan fundamental para librar de aquéllas a buena parte de la Humanidad.

miércoles, 7 de febrero de 2018

Pretemporada del Gran Protagonista


Piñera ganó la presidencia para él y para nadie más. Está haciendo una “pretemporada” de vacaciones en Bahía Coique para su exclusivo lucimiento y figuración, que son las dos cosas que más le importan en la vida. Por eso todos los días en los diarios lo vemos en textos y fotos de actividades deportivas en que resulta ganador.

Comenzó la semana jugando baby-fútbol con empleados suyos que tienen como principal obligación hacerle pases a él y conseguir que meta goles. En las fotos del diario aparece como “el jugador estrella” que en el texto protesta porque los demás se cansan.

Al día siguiente apareció luciéndose a caballo en todos los ángulos, desde detenido en estudiada pose de descubridor de Chile (él sostiene que fue Pedro de Valdivia) hasta galopando intrépidamente, a lo Simón Bolívar, un nombre que seguramente le suena, pero no sabe bien por qué. Como si hubiera sido toda su vida un auténtico hombre de campo.

Y al día subsiguiente las fotos de la prensa dominante lo exhibieron jugando tenis junto con el ministro-designado de Educación, contra los hijos de ambos, que, por supuesto, perdieron el partido (“ganó la experiencia”, se encargó Piñera mismo de informar a la prensa, que lo reproduce sin  sorpresa porque hace ya años que en una entrevista anunció su propósito de “ganarlo todo”).

Lo notable es que el principal diario tiene un “enviado especial” para informar al país y al mundo de cada una de las trivialidades de autolucimiento del Gran Protagonista del gobierno de Piñera, por Piñera, para Piñera y a mayor gloria de Piñera, que es, como ustedes habrán adivinado en un esfuerzo de imaginación, Sebastián Piñera.

          Y, en fin, hoy aparece de nuevo fotografiado, a la cabeza de una nutrida cabalgata y señalando hacia el horizonte como destino, al cual él, por supuesto, va a arribar en el primer lugar, según nos informará la prensa de mañana. Viste su parka roja, que copió de la vinotinto de Hugo Chávez, junto a cuyo féretro hizo guardia de honor en testimonio de admiración.

          Después de esta lucida, aunque no lúcida, pretemporada, tan publicitada de autopromoción, le viene una tarea difícil por delante, porque el suyo será un VI Gobierno de la Concertación, eso es seguro (está en su temperamento, lo mismo que lo estaba en el del escorpión envenenar a la rana que lo estaba llevando a través del río) y su dificultad provendrá no sólo del neomarxismo saliente de la Nueva Mayoría desplazada del poder, sino de que nombró un gabinete de derecha. Pero esto último parece no significar nada, porque su futuro Ministro del Interior ya informó que implementará la ley de aborto en tres causales del régimen marxista, o sea, será de continuidad valórica de la NM.

Y su Ministro de Justicia seguramente tendrá como Subsecretario, según se ha informado, al izquierdista Juan Pablo Olmedo, cuya línea de persecución a los presos políticos militares ya éstos han detectado y denunciado, de acuerdo al periódico digital “Chile Informa” de esta fecha. Olmedo formó parte de la segunda Comisión Nacional persecutora de los militares, formada por Aylwin para castigarlos por haber hecho lo que él y una inmensa mayoría ciudadana les pidieron antes del 11 de septiembre de 1973.

Además, el futuro Ministro de la cartera, Hernán Larraín, ya dejó un hito imborrable de su postura adversa a los PPM en el Senado, cuando pronunció su famosa frase, tras aprobar un indulto a los terroristas de izquierda que hubieran cumplido diez años de presidio, en el sentido de que no se interpretara eso como una posibilidad de que se diera igual beneficio a los militares presos. Inicialmente el beneficio se había prometido también para éstos, lo que, como de costumbre, no se cumplió.

Los PPM se han dado cuenta y ya han manifestado su pesimismo por lo que viene para ellos en este VI Gobierno de la Concertación encabezado por el único, exclusivo y excluyente Gran Protagonista y repiten el conocido lema de Michelle Bachelet 2.0: “cada día puede ser peor”. Pese a ello, no ha faltado el coronel en servicio activo que me haya criticado públicamente por exponer las andanzas del tantas veces citado perseguidor de sus camaradas de armas.